Salud y clima: ¿cómo nos afecta el cambio climático?
La Organización Mundial de la Salud ya lo advirtió en 2015: el cambio climático es la mayor amenaza para la salud del siglo XXI. Esta afirmación, lejos de ser alarmista, se fundamenta en evidencias científicas cada vez más palpables.
Hoy hablamos de salud y clima con Antoni Trilla (Barcelona, 1956), médico epidemiólogo, catedrático de Medicina Preventiva y decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. Como miembro de la Comisión Técnica Asesora de la Fundación Mutuam Conviure, nos ofrece su visión sobre las implicaciones de la crisis climática para la salud.
¿Cómo afecta el cambio climático en la salud de las personas?
El cambio climático es un concepto amplio, con implicaciones que todos podemos percibir: los veranos son más largos, los inviernos algo más cortos, sufrimos períodos de sequías seguidos de grandes lluvias, etc. Estos fenómenos evidencian una transformación climática fruto de la actividad humana que puede tener consecuencias directas e indirectas sobre nuestra salud.
Uno de los impactos más claros es la contaminación atmosférica, especialmente en las ciudades: respirar aire cargado de partículas nocivas afecta directamente al sistema respiratorio y cardiovascular.
También se han intensificado los fenómenos meteorológicos extremos o eventualidades climáticas. Las oleadas de calor son cada vez más frecuentes y duraderas, y en Europa cada año mueren personas, especialmente entre la población mayor y vulnerable.
Existen además efectos menos visibles pero igualmente importantes. Los vectores como mosquitos o roedores , y las enfermedades que pueden transmitir, son un claro ejemplo. Con sólo uno o dos grados más de temperatura, pueden expandir su hábitat y alargar el período de actividad, favoreciendo la propagación de enfermedades infecciosas.
Por otro lado, el buen estado de los bosques y las aguas es esencial. Los microplásticos y los contaminantes químicos, consecuencia de la actividad industrial y los residuos de la vida moderna, también pueden afectar a nuestra salud a largo plazo por las sustancias tóxicas que nos llegan a través del agua o los alimentos.
Sin embargo, es importante ser conscientes de ello sin caer en la preocupación excesiva. De hecho, otra consecuencia son los trastornos asociados a la angustia climática , cuando las personas viven con un estrés intenso y constante por el futuro del planeta.
Mosquitos, enfermedades y la vigilancia como herramienta clave
¿Cómo afecta el cambio climático a la transmisión de enfermedades?
El cambio climático, junto con la globalización, ha favorecido la expansión de enfermedades entre continentes. En Europa, los expertos consideran que mosquitos, garrapatas y otros vectores son altamente competentes para transmitir determinados virus;
Un buen ejemplo es el mosquito tigre . Llegó a Europa a través del comercio internacional, se estableció primero en Albania, después en Italia, y finalmente aquí, donde ha encontrado un clima ideal para reproducirse.
El problema del mosquito tigre no son sólo las molestas picadas, sino que puede transmitir enfermedades. alerta.
En Andalucía, el mismo año, los medios recogían la preocupación por el virus del Nilo Occidental , una enfermedad neurológica, con más de 100 casos y ocho personas fallecidas. Este virus se propagó desde animales como caballos y cerdos por el mosquito Culex, un insecto autóctono.
Estas enfermedades tienen una característica común: en el 90% de los casos no generan síntomas . Del 10% restante, la mayoría presenta síntomas leves, como fiebre o malestar, similares a una gripe.
La magnitud del problema, pues, queda muy acotada a pocos casos graves, pero puede haber muchos más infectados que no se diagnostican, por eso la vigilancia es esencial.
¿Cómo prevenir la transmisión de estos virus?
La clave para contener estos riesgos es la vigilancia. En Cataluña y en Europa tenemos grupos de investigación muy potentes en salud ambiental y clima.
Además, disponemos de redes de vigilancia de enfermedades infecciosas que pueden investigar casos si hay sospechas. Una de las medidas que se aplican es la detección de anticuerpos en donantes de sangre y de órganos. La participación ciudadana también es clave.
¿Qué podemos hacer para mejor adaptarnos al cambio climático?
El cambio climático ya es una realidad, probablemente irreversible. Sin embargo, podemos actuar para frenar su ritmo y minimizar sus impactos sobre el planeta, la salud y la calidad de vida Ante este reto complejo, es necesario actuar a diferentes niveles.
En el ámbito individual, no se trata de volver a la edad de piedra, sino de adoptar pequeños gestos con gran impacto colectivo: ahorrar agua y energía , movernos a pie o en transporte público, escoger productos con menos envases, reducir el consumo, reciclar, reutilizar y, en cuanto a los mosquitos, evitar el agua estancada para.
También es fundamental el papel de la investigación . Gracias a centros como el Instituto de Salud Global , que estudian fenómenos como la contaminación o los microplásticos, disponemos de estudios rigurosos y proyecciones útiles. ya impulsar medidas preventivas.
Algunas de éstas ya se están aplicando, como los refugios climáticos: espacios públicos pensados para proteger a la población de las temperaturas extremas cuando no dispone de condiciones adecuadas en casa.
Finalmente, el voto es una herramienta poderosa. Los gobiernos tienen un papel clave en la toma de decisiones sobre la energía o la regulación ambiental.
¿Qué papel desempeñan los sistemas y los profesionales sanitarios?
En nuestro país, encontramos ejemplos inspiradores. Hospitales que han apostado decididamente por reducir el impacto ambiental de su actividad sanitaria, desde la forma en que se envasan los medicamentos hasta la gestión y reciclaje de los materiales.
La formación y la sensibilización también son fundamentales. Las nuevas generaciones de profesionales en el mundo académico, más concienciadas y comprometidas, impulsan iniciativas esperanzadoras. climático en la práctica diaria.
En definitiva, el cambio climático es un problema global que sólo podremos afrontar si combinamos decisiones políticas valientes, investigación científica, conciencia ciudadana y acciones cotidianas. Al final, la clave es entender que tenemos un solo mundo y una sola salud.

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