"Un momento de conexión puede transformar el día de una persona": la experiencia de Pallapupas en Grupo Mutuam
La Residencia Molí-Via Favència , gestionada por Grup Mutuam, ha impulsado una colaboración con Pallapupas para acercar el clown hospitalario al ámbito residencial. Una iniciativa que pone el foco en el cuidado emocional de las personas mayores , especialmente en un contexto en el que la soledad no deseada, el deterioro cognitivo o las situaciones de dependencia pueden dificultar la comunicación y la conexión con el entorno.
Durante seis semanas, el equipo de Pallapupas ha realizado intervenciones adaptadas a los residentes, utilizando el humor, la música y el vínculo emocional como herramientas de acompañamiento. Hablamos con Núria Dueñas, directora de la residencia .
¿Cómo surgió la colaboración con Pallapupas?
La colaboración surgió de la voluntad que tiene tanto la residencia como el Grupo Mutuam de seguir impulsando iniciativas que pongan en valor el bienestar emocional de todas las personas: no sólo de los residentes, sino también de los profesionales y las familias.
Cuando nos presentaron el proyecto, nos dimos cuenta de que era una propuesta muy alineada con la atención centrada en la persona —una forma de trabajar muy respetuosa, humana y emocional— y que encajaba mucho con nuestra forma de entender el cuidado.
¿En qué consistió la intervención en la residencia?
Hicieron 12 sesiones repartidas en 6 semanas. Venían cuatro horas y media cada vez.
Un día realizaban una actividad enfocada al grupo y el otro, en cambio, se dedicaban a ir planta por planta y detectar necesidades concretas de personas con mayor dependencia o más desconectadas de su entorno, buscando generar un vínculo con ellas.
Sus intervenciones estaban totalmente enfocadas a crear un acompañamiento emocional a través del humor, la música y la conexión personal. Y lo interesante es que no sólo conseguían hacer reír. También los calmaban. Con algunos residentes se generaba una complicidad que, en el día a día, quizás cuesta más conseguir.
Las intervenciones se han hecho adaptadas a cada persona, respetando sus ritmos, su historia de vida y su forma de relacionarse con el entorno. ¿Cómo trabajó esta adaptación?
Venían muy temprano para trabajar con el equipo diferentes aspectos: las historias de vida, necesidades especiales o situaciones personales complicadas que podía estar viviendo algún residente, como por ejemplo la pérdida de un hijo.
También hablábamos de los gustos de cada persona, de su forma de comunicarse, de cómo acercarse a ellos y de pequeñas particularidades que podían ayudar a establecer esta conexión. Después de las intervenciones, ellos también nos hacían un regreso sobre cómo había ido.
¿Y qué regreso le daban?
Dependía mucho de cada residente. Tenemos, por ejemplo, un residente que no habla pero llama mucho. No porque esté mal, sino porque ésta es su forma de expresarse. Pues consiguieron que durante un rato estuviera tranquilo, en silencio, centrado en ellos.
¿Ha notado algún impacto más allá del momento de la intervención?
Sí, sobre todo en las personas con menos dependencia, porque son las que te pueden expresar más claramente. Nos decían cosas como: “¿Cuándo vuelven?”, “Ay, lo estoy esperando con ganas” o “Qué bien me lo he pasado”. Y es que no es una actividad más. Es una persona que está contigo, que te hace reír, que se adapta a ti y crea una relación.
Volviendo a la importancia de las historias de vida, ¿podrías poner algún ejemplo de una intervención adaptada?
Por ejemplo, tenemos muchos residentes que, por su origen o contexto vital que han vivido, están muy vinculados a elementos como la Feria de Abril: las castañuelas, el folclore, la música… Es una generación muy marcada también por los movimientos migratorios.
Pallapupas utilizó mucho este hilo conductor, porque los recuerdos relacionados con la infancia son a menudo los que más se mantienen.
¿Y funcionaba?
Sí, cantaban con ellos, tocaban palmas… generaban esa conexión a través de elementos muy familiares y muy arraigados emocionalmente.
Y los profesionales, ¿qué se lleva de esta experiencia?
La verdad es que nosotros estamos muy enfocados a que estén limpios, que vayan bien vestidos, que coman, que estén bien nutridos, que a nivel de salud no tengan ningún problema grave… Y, a veces, te olvidas de los pequeños momentos y del valor que tienen las emociones. De cómo se sienten, no sólo cuando tú les atiendes en una tarea concreta, sino en general.
Una sonrisa mía puede hacer que esa persona me devuelva una sonrisa. Evidentemente no le arreglaré el día, pero sí puedo ofrecerle un momento de calma, de conexión, de complicidad… Y creo que esto es lo que nos hemos llevado: poner en valor todo lo que va más allá de la tarea.
Puedes ir a toque de reloj o parar y pensar: ¿quién tengo enfrente? Tengo a Antonio. Sé que Antonio necesita que, cuando lo despierte, le acaricie el brazo. Estos pequeños detalles hacen que la persona se levante de otra forma. Sólo con esto ya puedes conseguir que su día sea mejor. Y, por tanto, que el tuyo también.
El proyecto es una prueba piloto. ¿Qué valoración hace y qué continuidad puede tener?
Hemos realizado una evaluación antes y después de las intervenciones y los resultados han sido muy positivos. Ahora Grup Mutuam está valorando cómo avanzar hacia una segunda fase, incluso con una posible línea de trabajo más enfocada a los profesionales para que la dimensión emocional del cuidado forme parte cada vez más de la forma de trabajar de los equipos y que no dependa tanto de una intervención externa.
Pallapupas ayuda a recordar que no estamos haciendo sólo una labor mecánica, sino que estamos cuidando. Y cuidar implica muchas cosas. Implica reconocer a la persona, aunque no te responda. Una caricia, una mirada, una conexión visual… son momentos en los que hay que saber ver y aprovechar.
¿Hay algo más que quieras añadir?
Creo que es importante explicar que Pallapupas es muy conocido por su trabajo con niños, pero no se sabe tanto que desde hace más de 30 años trabajan también con gente mayor. Y es muy positivo que haya iniciativas como ésta que visibilicen la importancia del cuidado emocional de las personas mayores.
Las personas mayores también tienen emociones y muchas veces están pasando por un momento de vida muy complejo: un momento difícil de aceptar, gestionar y vivir con plenitud. Desde fuera puede parecer que una persona simplemente no quiere participar en una actividad o está enfadada, pero a menudo detrás hay una realidad mucho más profunda.
También es cierto que el ritmo de vida actual hace difícil que muchas familias puedan visitar cada día a sus abuelos, abuelas, madres o padres que viven en una residencia. Y esto puede generar sentimientos de soledad.
Por eso, que Pallapupas venga y aporte este valor añadido es muy importante. Ojalá pudieran venir todos los días a todas las residencias.
Pero sobre todo creo que es muy relevante que Grup Mutuam, siendo una entidad sin ánimo de lucro, esté invirtiendo tiempo, recursos y esfuerzos en el cuidado emocional de las personas, especialmente en una residencia pública.
Esto demuestra que existe conciencia y que se pone el foco en una dimensión del cuidado que a menudo queda en segundo plano, pero que es esencial.




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