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Rompiendo estereotipos sobre las residencias para personas mayores

Febrero 25, 2026

Las residencias para personas mayores y la atención que se ofrece han cambiado muchísimo en las últimas décadas. Sin embargo, todavía arrastran tópicos y estereotipos que no reflejan la realidad.

A menudo, esta percepción se construye a partir de casos aislados de malas prácticas que aparecen en los medios o experiencias negativas que circulan de boca en boca. Sin embargo, dentro de esto también hay una lectura positiva: como sociedad, cada vez somos más exigentes y velamos para que la gente mayor reciba unos cuidados dignos y de calidad.

Sin embargo, el sector de los cuidados ha sido a menudo injustamente juzgado y estigmatizado. Por eso, es fundamental romper estereotipos y poner en valor la gran labor que llevan a cabo muchas entidades y profesionales para avanzar hacia una atención cada vez más humana y centrada en la persona.

Para contribuir a esta mirada, compartimos el testimonio de Agustina, hija de una antigua usuaria del Centro Mutuam Collserola , que vivió en la residencia en el último año y medio de su vida. Una experiencia real con la que muchas personas pueden sentirse identificadas.

Un momento difícil: la decisión de entrada a una residencia

La decisión no llegó de repente, sino que fue el resultado de un proceso largo. Mi madre tenía mucho carácter y siempre había sido una mujer muy independiente a lo largo de toda la vida. Cuando se quedó viuda, hizo una vida muy activa: viajaba, iba a comprar, e incluso cogía el autobús todos los días para tomar un café cerca del mercado donde había trabajado.

Pero la situación se dio la vuelta cuando empezó a tener limitaciones físicas. Perder su autonomía le generaba una honda frustración, que expresaba con mucha rabia hacia el entorno. Al principio no reconocía que necesitara ayuda; más adelante aceptó el apoyo de una cuidadora pero la convivencia era muy difícil y los conflictos eran constantes. En los últimos dos años llegaron a pasar hasta nueve profesionales diferentes por casa.

Nada funcionaba. Yo sabía que la residencia era la única opción, pero no sabía cómo dar el paso, porque ella se oponía. Mientras, conocía a profesionales de Mutuam Collserola, fui a visitar el centro ya hablar con el equipo.

"Cuando vi el entorno, enseguida supe que allí estaría bien. El sitio me transmitía confianza, pero otra cosa era cómo lo viviría ella y cómo dar el paso."

Por último, la decisión llegó de forma inesperada. Sufrió una infección generalizada mientras estaba ingresada en el hospital, donde me comunicaron que se encontraba en su fin de vida y no podría volver a casa. Tenía que ingresar en un centro de atención intermedia para recibir los cuidados necesarios.

Como conocía a Mutuam Collserola, pregunté si podían llevarla a la Unidad de Atención Intermedia del centro, y así lo hicimos. Por nuestra sorpresa, ahí se recuperó, y de la unidad de atención intermedia pasó a la residencia, donde se quedó a vivir.

Los estereotipos sobre las residencias

¿Qué idea tenía de las residencias antes de conocer a Mutuam Collserola?

Yo no tenía una concepción negativa de las residencias, pero mi madre sí. Por un lado, tenía la idea de que, como hija única, yo tenía que hacerme cargo, como se había hecho siempre, y que llevarla a una residencia era como “sacármela de encima”. Creo que es un conflicto muy habitual en personas de mi generación, que a menudo cargamos con sentimientos de culpa y con la dificultad de tomar decisiones que nuestros padres no entienden.

Además, también existía una experiencia familiar que le había quedado muy marcada. Cuando yo era joven, en los años setenta, íbamos a visitar a una tía a una residencia, de la que conservábamos un recuerdo bastante desagradable. Mi madre aún tenía esa imagen de las residencias, con malos olores y condiciones poco dignas.

Yo era consciente de que la realidad actual era muy distinta. Sin embargo, también sabía que ir a vivir a una residencia implica entrar en un entorno con unas normas y rutinas, donde no siempre puedes hacer lo que quieres. Por eso, conociendo el conflicto de mi madre con la autonomía, temía cómo lo encajaría.

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El trato y el entorno: claves para la confianza y tranquilidad

¿Qué factores le aportaron tranquilidad y ayudaron a la adaptación?  

Uno de los factores que más tranquilidad nos aportó fue el entorno . Mi madre me decía: "está todo muy limpio, los muebles son muy bonitos y la cocinera es muy buena". A pesar de su estado, era consciente de dónde se encontraba y valoraba mucho estar en un lugar agradable y cuidado, con unas condiciones dignas .

También fue clave el la atención de los profesionales . Recuerdo un momento de los primeros días que me emocionó mucho: la vi de pie, cogida en la barra del pasillo, haciendo algunos pasitos con el fisioterapeuta. No podía creerlo, porque llevaba mucho tiempo sin caminar. Aquello me hizo entender que no sólo la cuidaban, sino que también intentaban preservar su autonomía . No se trataba de tenerla en la cama, sino de estimularla para que pudiera recuperar todo lo posible, y ella lo valoró mucho.

También valoraba que la trataran como ella quería: sin infantilizarla, con respeto y dignidad . Si algo no le gustaba, lo expresaba y se tenía en cuenta. Velaban por su bienestar, pero respetando su opinión y forma de ser.

Por ejemplo, la invitaban habitualmente a participar en actividades de grupo, pero ella lo rechazaba por no tener ganas. La decisión era respetada, pero le seguían proponiendo alternativas. Esto ella lo apreciaba: sentirse incluida, pero con libertad por decidir.

Creo que por todo esto, desde que entró en la residencia enseguida dejó de preguntar cuánto tiempo debería estar –lo hacía al principio, cuando estaba en la Unidad de Atención Intermedia–. Mi madre era muy inteligente, y pienso que no lo preguntaba por qué no quería saber la respuesta, y porque se encontraba bien. A su modo, se adaptó.

Finalmente, destacaría la accesibilidad del equipo : siempre que necesité hablar con profesionales médicos, enfermería o incluso la dirección, pude hacerlo, y me sentí escuchada y acompañada.

El único aspecto mejorable para mí es la rotación de profesionales. Soy consciente de que es un tema general del sector, pero ojalá la situación mejore, porque a las personas mayores les afectan mucho los cambios y creo que tiene un impacto en su bienestar.

Conocer el centro y su modelo de atención para tomar una decisión

¿Qué le dirías a una familia que está explorando la opción de una residencia?

Tengo amigas de mi edad que se están encontrando ahora en una situación similar a la que yo viví. Lo que siempre les digo es que al final es por el bien de la persona. Porque como familiares cuidadores no podemos llegar a todo, e incluso contando con cuidadoras en casa a menudo la situación llega a un punto en que se complica.

Aunque rechacen en un primer momento la idea de ir a vivir a una residencia, una vez dentro seguramente valorarán que los cuiden y tener calidad de vida. También les digo que yo hablo desde mi experiencia, por eso les recomiendo que se informen bien antes y vayan a conocer los centros para ver cómo es el espacio y la atención. Creo que esto ayuda mucho a tomar una decisión con seguridad.

La tranquilidad de estar en buenas manos

¿Y de qué te sientes más agradecida?

Me da mucha paz pensar que en su última etapa mi madre vivió y murió tranquila. Diría que estaba conformada, e incluso alegre cuando me veía. La veía gozar mucho más que antes. Esto es lo que me llevo y de lo que más agradecida me siento.


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